Hace 123 años, el 21 de mayo de 1903, se inauguraba en el Paseo Colón porteño la Fuente de las Nereidas, también llamada “la Fuente de Lola Mora”, obra cumbre para el país de la escultora tucumana. Lola había realizado una carrera meteórica. En 1895 había conseguido beca para estudiar en Buenos Aires; en 1896 fue becada a Europa donde aprendió escultura, principalmente con Guilio Monteverde, el “Miguel Ángel” de fin de siglo, y para 1900 era niña mimada en el mundo artístico y social de Italia. Cuando regresó al país ya toda la prensa nacional hablaba de ella. En el comienzo del siglo consiguió el acuerdo para la fuente, que pensaba colocar en Plaza de Mayo.

La Municipalidad de Buenos Aires le aceptó la propuesta -tuvo el decidido apoyo del presidente Julio A. Roca- y elaboró las esculturas en su taller de Roma. Las trajo en 28 cajas en el vapor “Toscana” el 28 de agosto de 1902. Pero en el Concejo Deliberante había gente que no estaba de acuerdo porque las figuras tenían curvas osadas. En la parte baja, caballos y tritones; en la parte alta, nereidas que acompañaban el nacimiento de Venus. Las tritones y las nereidas eran humanos hasta los muslos, y desde allí tenían las caudas de pez. Las curvas de las mujeres y la musculatura de los varones generaban inquietud. En un agasajo que le hicieron, su comprovinciano Amadeo Valladares criticó a los “pudibundos de escrúpulos monjiles” que “gritan por ahí que es insolente el verismo de sus carnes marmóreas, piden para la virgen inmaculada una hoja de parra que cubra sus sagradas, impecables desnudeces, reclaman un velo hipócrita que prive a los ojos del placer inefable de la armonía de la forma” (cita de la biografía que hicieron Carlos Páez de la Torre (h) y Celia Terán).

Recuerdos fotográficos: ¿dónde y cuándo nació Lola Mora?

La prensa elogió la obra de esta “personalidad del mundo del arte de la escultura”. Pero sólo fueron hombres a la inauguración, que se hizo en Paseo Colón después de muchas idas y vueltas. Las mujeres no asistieron al debut de la fuente iconoclasta, inspirada en las estatuas de las fontanas romanas. Años después, en 1918, ya declinada la popularidad de Lola, sería trasladada a la Costanera Sur, donde hoy es monumento histórico, un emblema de la ciudad que mira al río.

En la foto superior se ve a Lola Mora trabajando en las estatuas en Roma (foto Archivo Gráfico de la Nación) y en la inferior, a la sonriente artista, única mujer entre los funcionarios, durante la inauguración.